
La señora K, después de haber recibido las credenciales del JNE como candidata electa a la presidencia de la república, ha salido a dar varios mensajes al país en los cuales ha mencionado palabras como reconciliación, perdón, unidad, olvido de las diferencias. Sin embargo, palabras como justicia, derechos humanos, pueblo o democracia son mencionadas de manera tangencial, o se dicen entre dientes, puesto que dichas categorías implican acciones políticas concretas que posiblemente no le convienen al partido Fuerza Popular.
Por ejemplo, derogar las leyes que favorecen la impunidad de violadores de derechos humanos iría contra su ideología política de gobernar de la mano de las fuerzas armadas, a las cuales se les ha prometido reescribir la historia, invisibilizando delitos de lesa humanidad como asesinatos, violaciones, agresiones a la población y otros delitos de corrupción cometidos por las fuerzas armadas. Asimismo, derogar las leyes procrimen iría contra sus propios intereses, puesto que estas han permitido «rehabilitar» a la misma Keiko Fujimori y a otros políticos acusados de corrupción; derogarlas activaría decenas de juicios contra varios políticos y políticas corruptos que han vuelto al estrado político. En tercer lugar, palabras como justicia, derechos humanos, pueblo y democracia demandan devolverle al pueblo peruano mecanismo como el referéndum y de derecho protestar pacíficamente, así como la derogación de las leyes que favorecen la extensión minera en zonas intangibles del territorio o la deforestación. Cuando hay mineros legales e ilegales detrás las campañas electorales, hay que gobernar para ellos. Por esas tres razones, y otras, a la señora Keiko Fujimori le cuesta hablar de justicia, derechos humanos, pueblo y democracia.
La unidad y la reconciliación del país no consisten en hacer borrón y cuenta nueva, no es decir «miremos hacia adelante y dejemos el pasado atrás», no es ofrecer puentes, carreteras y edificios cuando se le pregunta por los derechos humanos. La unidad y la reconciliación no se construyen obviando, invisibilizando o despreciando la demanda de justicia de miles de familias que buscan a sus desaparecidos, asesinados, torturados y violentados en los últimos 35 años de historia del país. Aún hay familias, mujeres y hombres, esperando justicia desde los años 80: muchos siguen buscando a sus familiares, otros continúan exigiendo justicia en los tribunales, y otros piden que, al menos, se incorporen sus demandas de justicia en el sistema judicial, como las familias de quienes murieron en las marchas de 2022, 2023 y 2025. Muchas familias siguen esperando encontrar a sus familiares para darles sepultura; otras siguen esperando justicia para sus muertos.

¿Qué les ha ofrecido el Estado? Les ha ofrecido silencio y leyes de impunidad para los militares y políticos involucrados en las violaciones de derechos humanos; les ha ofrecido invisibilidad, olvido, borrón y cuenta nueva; les ha mostrado desprecio por la vida, premiando con impunidad, bonos y buenos sueldos a los militares implicados en las muertes de civiles. No les ha ofrecido justicia ni escucha. Más bien ha repuesto, «ya rehabilitados», a fiscales y políticos corruptos de cuello blanco.
Si reconciliación y unidad significan borrón y cuenta nueva, olvido, el camino que ha elegido la señora K es erróneo: solo logrará profundizar las heridas y la división del país. La justicia es un concepto anterior a la existencia del Estado; es esa búsqueda humana de la que surge el Estado mismo. Como decía San Agustín, no es posible construir un pueblo, un Estado o una nación sin justicia.
Por eso, si la señora K quiere reconciliar y unir al país en un proyecto de nación, debe ofrecer mecanismos reales para que la población sienta, al menos mínimamente, que el Estado le ofrece justicia y protección. Sin justicia no es posible construir un proyecto de unidad nacional. Gobernar no se trata de casarse con el Estado, ni de ser la madre de los peruanos y las peruanas, ni de perdonar a la gente porque no la eligió en campañas anteriores. Se trata de ofrecer justicia. Tal vez a la señora K se le ha dado la oportunidad de sanar las heridas que dejó su padre, como las esterilizaciones forzadas de miles de mujeres y los asesinatos cometidos por los escuadrones de la muerte y en el Pentagonito. Sin justicia no hay reconciliación; sin justicia, el perdón no es perdón.
Por: Wilmer Fernández Ramírez – Director de Cutivalú
















![“Soy enfermera y me infecté por segunda vez de Covid-19. Ahora toda mi familia está contagiada” [Testimonio]](https://www.cutivalu.pe/wp-content/uploads/2020/05/testimonio-lady-1-e1590693047591-100x70.jpg)



