Primeros vacunados: sentimos felicidad y seguridad, pero no bajemos la guardia

En el primer día del proceso de vacunación del personal de salud, se recogieron los testimonios del doctor Jesús Velarde y de la enfermera Milagros Santibáñez, parte del grupo de sanitarios inmunizados este martes. Con la satisfacción de ser protegidos por la vacuna, para reencontrarse con la familia y atender a los pacientes, advierten que hay que seguir cuidándonos de la segunda ola de contagios.

Jesús Valverde, doctor del hospital Dos de Mayo y presidente de la Sociedad Peruana de Medicina Intensiva

Hemos recibido la vacuna, lo asumimos con mucha tranquilidad, mucha responsabilidad. Definitivamente nos dará mucha seguridad para trabajar con nuestros pacientes, y también sirve de acercamiento a nuestras familias, de las cuales hemos estado alejadas muchísimo tiempo.

Ha sido muy duro cambiar una rutina de vida, en la cual compartías con tu familia (…) pero cambiar a tener cerca de 450 horas fuera de casa al mes, es distinto. Mi esposa y mis hijas han padecido ese alejamiento, pero siempre me han apoyado desde el lugar donde he estado trabajando. (el doctor Valverde se quiebra, llora y detiene su relato).

Disculpen, la emoción nos embarga, pero es felicidad. Ha sido muy duro. Bueno, a cuidarse y (a seguir) trabajando.

Definitivamente, hay mucha emoción en esto, no solo la mía, sino también de todo el personal del hospital. Las vacunas nos dan una tremenda seguridad para seguir al frente combatiendo esta pandemia. Estaremos siempre al servicio del país, no debemos bajar la guardia. Hemos pasado un estrés emocional, familiar, yo no veo a mis padres desde hace más de un año; ellos también están en una situación de estrés, preocupados por mi labor.

Milagros Santibáñez Cortez, enfermera, cuerpo de enfermeras del hospital Arzobispo Loayza

Estos instantes han sido de felicidad, porque con estas vacunas nos estamos protegiendo y estamos protegiendo a la población, ahora que vemos tantas muertes por el coronavirus.

Vivo con mi esposo y mi hija de 11 años en Lima, y siempre me decían que me cuidara. Al salir y al volver decían que me protegiera. Siempre he tenido el apoyo de mi familia, la de Lima y de Tarma, porque yo soy de Tarma.

Trabajar en las áreas covid-19 es muy complejo, llevas casi 8 a 10 horas con la indumentaria de protección, un material que te hace sudar. Sudamos, no podemos ir al baño, no podemos tomar agua y con la impotencia de ver morir a los enfermos pidiendo oxígeno.

Yo sé que la vacuna nos protegerá. Cuando me pusieron la vacuna, tuve sentimientos encontrados, dolor físico, pero también felicidad porque sé que me estoy protegiendo, protegiendo a mi familia y a las personas a las que estoy cuidando.

Apenas me pusieron la vacuna, le mandé una foto a mi esposo y a mi hija, para que ellos compartan conmigo este momento.

Yo en agosto estuve infectada con covid-19. Tuve los síntomas, pero no llegué a hospitalización. Te tumba, quieres estar en la cama. Me dieron 15 días de descanso, hice la cuarentena y volví a mi trabajo.

Gracias a Dios pude superarlo. El hospital me dio apoyo psicológico y junto con mi familia logré superarlo. Mi mensaje a la población es que se cuide. Ahora veo mucha muerte de gente joven, por eso hay que cuidarse bastante, porque morir así, sin oxígeno, es la peor muerte que hay.

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