Opinión: «25 de noviembre, voces contra la violencia hacia las niñas y mujeres»

Por: Ortelia Valladolid Bran, especialista en Género y coordinadora de Proyectos de Cutivalú.

Nuestros hombres creen que llevar el dinero, dar órdenes, levantar la voz, tener más de una pareja, tomar licor, proteger, es la base del poder. Muchísimas mujeres siguen creyendo que son el sexo débil, las delicadas, las que sirven, las que tienen hijas e hijos, las que necesitan ser protegidas. Estos son elementos muy fuertes de la construcción social de esta cultura machista, estereotipos de género muy marcados que hasta ahora se siguen y que traen como consecuencia desequilibrios muy grandes, en cuanto se refiere al cumplimiento de los derechos de las personas.

Con lo indicado, evidenciamos manifestaciones de violencia disfrazadas de amor y protección, que lamentablemente naturalizan el maltrato en sus diversas formas psicológica, física, sexual y económica.

En esta época de pandemia, se han incrementado los casos denunciados, pero también se ha incrementado el número de víctimas que desisten de la denuncia porque, en muchas ocasiones, no encuentran una respuesta positiva por parte de los operadores que administran justicia o porque existe una dependencia económica grande de las mujeres hacia algún hombre de su entorno, pero, además, porque siguen creyendo que es normal que las mujeres sean tratadas en un nivel inferior en todos los aspectos.

Frente a esta situación son muchas las voces y expresiones de decir basta a este flagelo: pronunciamientos, marchas, caravanas, conversatorios, huelgas… Sin embargo, estas son insuficientes para cambiar posturas en el diseño e implementación de medidas de política pública de las y los decisores en el país, pero también de la ciudadanía. En este sentido, es preciso se diseñe y, sobre todo, se ejecute un programa integral de atención cerrando círculos entre mujeres, hombres, familia, escuela, comunidad y operadores para fortalecer la solidaridad para con las víctimas, con un enfoque centrado en ellas.

Es necesario promover modificaciones en los patrones de crianza para ese cambio individual que conlleve a considerarnos personas valiosas y que merecemos respeto por el hecho de serlo más allá de nuestras creencias, limitaciones, potencialidades, tal como lo expresa nuestra constitución política del Perú “la persona, es el fin supremo de la sociedad”.

Este 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer en el año del bicentenario, es necesario seguir reflexionando, proponiendo y exigiendo que el Estado cumpla con garantizar el cumplimiento de derechos en igualdad de condiciones para mujeres y hombres, teniendo clara la realidad, los intereses y las necesidades.

Todas y todos, desde donde estemos, hagamos eco de estos mensajes de amor, tolerancia y justicia. Somos libres, seámoslo siempre.

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