

Queridos colegas de Cutivalú, queridos periodistas y comunicadores:
Hoy celebramos nuestra vocación, pero no con una fiesta vacía, sino con una memoria agradecida y una misión renovada. Gracias por el trabajo que hacen cada día: por salir a las calles, por escuchar, por preguntar, por verificar, por no rendirse. Gracias por sostener este proyecto de comunicación que no se resigna a la indiferencia de lo que pasa a nuestra gente.
Enrique Dussel, un filósofo latinoamericano que nos desafía a pensar la filosofía, la ciencia, la comunicación desde nosotros, nos dejó una clave que debería ser nuestro horizonte de la comunicación: «El Otro, excluido de la «comunidad» de comunicación y de los productores, es el pobre. La «interpelación» es el «acto de habla» originario por el que irrumpe en la comunidad real de comunicación y de productores (en nombre de la ideal), y pide cuenta, exige, desde un derecho trascendental por ser persona, «ser parte» de dicha comunidad» (Dussel, La razón del Otro, p. 169).
Eso es comunicar para la liberación: partir de los pobres, de los descartados, de los que el sistema niega o invisibiliza —que es lo mismo—. Su grito, su hambre, su exclusión no son un tema más de la agenda: son el punto de partida ético de todo comunicar. Cuando damos voz al que no la tiene, cuando hacemos visible al que han borrado, cuando convertimos la palabra en megáfono de los silenciados, estamos haciendo comunicación para la transformación. No hablamos sobre los pobres: hablamos con ellos, desde ellos, para que su palabra circule y transforme.
El Papa León XIV, en Magnifica Humanitas, nos recuerda que «la verdad es un bien común y no una propiedad de quienes tienen poder o visibilidad» (n. 137). Y nos dice, con palabras que deberían estremecernos, que algunos periodistas comprometidos con la verdad «han desempeñado un papel fundamental a la hora de sacar a la luz injusticias y abusos… por la voz que han dado a las víctimas» (n. 138). Esa es nuestra tarea: sacar a la luz, verificar, construir confianza, desarmar las palabras, rechazar la guerra de las imágenes.
Hoy quiero pedirles valentía. Valentía para resistir la economía de la atención que explota o comercializa con nuestras fragilidades. Valentía para no ser funcionarios/as de la razón cínica que niega al Otro, que es la verdad de la realidad. Valentía para decir la verdad, aunque incomode, para denunciar la injusticia, aunque callen los poderosos, para dar voz a quien no la tiene. Y quiero pedirles reconocimiento: reconocimiento del Otro como otro, no como objeto de consumo informativo. Reconocimiento de los pobres, los migrantes, las mujeres, los indígenas, los descartados, como sujetos con razón propia, con historias que merecen ser contadas desde su propia voz.
Ustedes, en Cutivalú, hacen esto cada día. Y eso es heroico. No se trata solo de informar: se trata de transformar. Se trata de pasar de la comunidad real, marcada por la exclusión, a la comunidad histórico-posible, donde todos sean parte. Como quien reconstruye una ciudad en ruinas, ladrillo sobre ladrillo, sin aspavientos, con paciencia y con otros.
Que nuestra comunicación no sea un monumento a la arrogancia, sino un ladrillo más en la casa común de la fraternidad. Que la valentía y el reconocimiento sean nuestra brújula. Que la verdad nos haga libres y que nuestra libertad sirva para liberar a otros.
Feliz día, colegas. Gracias por ser megáfono de los sin voz, visibilidad de los invisibilizados, encuentro, puente entre la verdad y la justicia.












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