
El economista Carlos Adrianzén cuestionó la falta de previsión frente a un eventual Fenómeno El Niño de gran magnitud. El especialista pidió al gobierno tomar como referencia las consecuencias económicas y sociales que se vivieron en el año 1983. Advirtió, además, que un evento severo podría golpear no solo al norte del país, sino a toda la economía peruana.
Para Adrianzén, el Perú no puede esperar a que un nuevo Fenómeno El Niño muestre toda su fuerza para recién reaccionar. Por ello, advirtió que, ante las señales de un evento de gran magnitud, las autoridades deben dejar de lado la confianza excesiva en los pronósticos y prepararse para el peor escenario.

El economista señaló que existen estimaciones que plantean que el próximo fenómeno será hasta diez veces mayor que el que se registró en 1983. Por ello, consideró que el fenómeno no debe tratarse como un evento menor o limitado, exclusivamente, a las zonas más vulnerables de la costa norte.
“Este superniño tendría impactos, posiblemente, no solo enfocados en las zonas más descapitalizadas y pobres de la costa norte, sino todo el Perú”, afirmó.

El economista cuestionó, en ese sentido, las señales de tranquilidad respecto al impacto que podría tener el fenómeno sobre la economía.
“Yo espero que la sugerencia del ministro de Economía, cuando dice que no va a afectar a la economía, se va a deber a que el Niño será un Niño suave, que no haga daño”, manifestó.
Sin embargo, Adrianzén sostuvo que la experiencia histórica obliga a asumir una posición distinta y a prepararse con anticipación. Recordó que el Fenómeno El Niño de 1983 no solo dejó graves daños materiales y pérdidas humanas. También evidenció las consecuencias de una deficiente respuesta gubernamental.

“El año 83, algo mucho peor que el Niño fue el accionar del gobierno”, remarcó.
De acuerdo con el especialista, aquel episodio de 1983 provocó la destrucción de viviendas y la muerte de alrededor de 600 personas, además de generar graves consecuencias económicas.
Para Adrianzén, la principal enseñanza de aquel episodio no está únicamente en la magnitud del fenómeno natural, sino en cómo responde el Estado cuando enfrenta una emergencia de grandes proporciones.
“El norte peruano sabe perfectamente cómo quedó, porque el gobierno actuó pésimamente”, sostuvo.

El economista también vinculó aquella deficiente gestión con un deterioro posterior de la economía, la inversión y las condiciones de vida del país. Recordó que, tras la crisis de los años 80, el Perú registró una fuerte caída en su producto por habitante.
“El producto por persona del Perú, a fines de los años 90, era 30% más bajo de los años 80”, afirmó.
La advertencia de Adrianzén apunta a que las autoridades no deberían esperar a conocer con exactitud la intensidad final del fenómeno para ejecutar medidas de prevención. Frente a un evento que podría superar los antecedentes conocidos, la lección de 1983 debe traducirse en mayor previsión, preparación y capacidad de respuesta, especialmente en las regiones que históricamente concentran los mayores impactos.

“Hay que aprender de nuestra historia”, concluyó Adrianzén, en una advertencia que pone nuevamente sobre la mesa el costo de actuar tarde frente a un fenómeno climático que puede convertirse también en una crisis económica y social.
















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